D-4890 EGD Osvaldo A. Díaz de Souza
¿Y si probamos?
Según el libro compilado por el Profesor Jorge F. Oliver, editado en noviembre de 1994, en el período 1989/90 el Distrito 4890 contaba con 45 clubes y 1389 socios; a la fecha (abril 2006) cuenta con 43 clubes y 974 socios. Una pérdida neta de 415 socios en menos de 16 años nos da un promedio de más de 25 socios por año, casi la tercera parte del cuadro social. En el mismo período dejaron nuestra Institución 2392 socios ¿Seguiremos sosteniendo que el problema es que ingresan pocos socios? ¿No reconoceremos que los rotarios no se producen en serie, sino que son una tarea artesanal?
Según el mismo libro entre esa fecha y 1993/94, última fecha que registra, sólo hubo aumento de socios en dos períodos.
No tomamos en cuenta períodos anteriores por cuanto el Distrito tenía más clubes y posteriores por la interrupción de la recopilación tras el fallecimiento del Profesor Oliver.
Nunca un problema tiene una sola causa ni una sola será la solución, pero si me obligaran a citar una causa fundamental, no dudaría en señalar la PÉRDIDA DE LA MÍSTICA ROTARIA.
Cuando Rotary crecía en forma imparable, no nos asemejábamos a ninguna otra Institución. No éramos mejores ni peores, éramos únicos.
Hoy repetidas experiencias nos muestran la casi unánime imposibilidad de los rotarios para distinguir su Institución de entre otras. HEMOS PERDIDO IDENTIDAD.
Estamos atosigados de fórmulas, planes, sistemas, concursos, certámenes, premios, reconocimientos y zanahorias varias, destinados a motivarnos.
Nos hemos equivocado, en la buena intención de aggiornarnos, de mantenernos a la altura de los tiempos, de no quedarnos atrás; hemos adoptado herramientas empresarias: coaching ontológico, marketing, publicidad, planeamiento estratégico, programación neurolinguística, métodos de resolución de problemas, oratoria, escuelas de instrucción rotaria, etc. con dos desastrosos resultados.
A) Hemos reemplazado la mística por las herramientas.
B) Cuando llegamos a Rotary nos encontramos con lo mismo que dejamos en la empresa. Antes Rotary era un cable a tierra dentro de la parafernalia empresaria, hoy seminarios, cursos, cursillos, puestas en común, entrenamientos, capacitaciones, etc. nos hacen dudar por momentos, si estamos en Rotary o en nuestra empresa.
Sería necio negar la necesidad de la teoría, el problema estriba en el equilibrio. Hoy un 90% de teoría y burocracia, aplastan a un 10 % de práctica y creatividad. Nos hemos olvidado que al fin y a la postre Rotary es un CLUB, un club muy especial pero un club al fin.
Cuando hace treinta años ingresé a Rotary mi padrino, Raulito Selva me explicó que obligatoriamente tendría que dedicarle dos fines de semana en el año: Conferencia y Asamblea. Huelgan los comentarios. En 1977, Osvaldo Fernández lanzó la idea del INCARO, las dudas sobre la conveniencia de agregar obligaciones, hizo que recién se materializara en 1985 y con la salvedad de que era un premio y no una necesidad.
Agregó mi padrino, que si llegaba a faltar cuatro veces consecutivas sin causa justificada, quedaba afuera automáticamente. Para ingresar y permanecer “bastaba” con estar previamente capacitado, asistir y pagar la cuota. ¡CRECÍAMOS TANTO QUE EN MI CLUB SE HABÍA DISPUESTO NO HACERLO A MÁS DEL 10 POR CIENTO ANUAL PARA NO PERTURBAR LA ASIMILACIÓN DE LOS NUEVOS!
No veníamos a Rotary a trabajar ni a estudiar, veníamos a participar con nuestros pares en una actividad de crecimiento personal que producía hechos por la simple interacción de las personas, que hacía filantropía pero no era una Institución filantrópica, que hacía beneficencia pero no era una Institución asistencialista; era una Institución que procuraba hacer mejores personas para que mejores personas hicieran mejores cosas que redundaran en beneficio de la comunidad. Veníamos a comprobar que para progresar no era necesario hacerlo en detrimento de los demás, sino que por el contrario, era mucho más fácil progresar promoviendo al otro y que eso era a lo que se llamaba Ideal de Servicio. TODO LO APRENDÍAMOS EN EL TIEMPO DE LA REUNIÓN DEDICADO A INFORMACIÓN ROTARIA, más un par de reuniones sobre las responsabilidades específicas que hubiéramos aceptado.
Qué tal si nos animamos a volver a un Rotary entretenido, desprofesionalizado, ameno, creativo, con menos obligaciones, menos números, menos capacitaciones y más oportunidades de conocimiento mutuo entre todos los rotarios y no sólo con el elenco estable presente en casi todas las “Citas de Honor”. Con más excursiones en grupos, más reuniones hogareñas, más encuentros culturales como esos en que comprábamos las entradas de una sala, las vendíamos más baratas entre nosotros y nuestros amigos, pagábamos los gastos y con lo que sobraba atendíamos alguna obra comunitaria o se lo pasábamos a La Fundación Rotaria (ésa que ahora precisa un posgrado para entenderla, al punto que hay sólo dos rotarios en el Distrito capaces de explicarla) Un Rotary que no se parezca a nuestra empresa, donde podamos volcar libremente nuestra experiencia y conocimientos, pero en forma vital, personal y asistemática, alejada de fórmulas y entrenadores de esos que estamos hartos de ver en nuestra vida laboral. Alejado de esa imagen de Compañía Multinacional, burocrática y poderosa generadora de programas con olor a computadora, en la que cada obra de caridad va acompañada con el brillo de los flashes de las cámaras que guardan para la posteridad, los rostros que se han de exhibir en la Feria de vanidades.
Rotary no ha dejado de entusiasmar porque los clubes tengan pocos socios; los clubes tienen pocos socios porque Rotary ha dejado de entusiasmar.
Hasta ahora todo lo que probamos, no sólo no dio resultado, sino que por el contrario, cada año estamos peor.
Parece que estamos perdidos
Pero podemos reencontrarnos
Por los caminos ya recorridos
¿QUÉ TAL SI VOLVEMOS A LAS FUENTES Y PROBAMOS CON LO QUE YA DIÓ BUEN RESULTADO?
Osvaldo A. Díaz de Souza
EGD 4890, 1992/93


























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